La noche estaba despejada, los niños se sentaron en círculo, alrededor de una hoguera. Ya les dije que la primera historia trataría sobre almas gemelas. La historia era corta, pero les daría tiempo para que la comprendieran.
Lucy llegó corriendo. Era una chica de pelo azul, grandes ojos verdes y de normal estatura, de unos 12 o 13 años. Era una pena que siempre estuviera triste, con lo guapa que era.
Se sentó en la hoguera, sin pronunciar palabra y me miró con cara de: <<Puedes empezar, gracias por esperarme>>.
Así, es como empecé a contar la primera historia.
Hace mucho, mucho tiempo, todas las personas tenían cuatro piernas y dos cabezas. Chii vivía feliz consigo misma, era guapa, inteligente y astuta. Un día, los dioses arrojaron rayos y partieron a todo el mundo por la mitad. Cada mitad se quedó con dos piernas y una cabeza, pero la separación hizo que en cada parte quedara un fuerte anhelo por reunirse con su otra mitad, y era lógico porque compartían la misma alma. Desde entonces, todas las personas se pasan la vida buscando la otra mitad de su alma. Incluida Chii, que nunca llegó a encontrarla.
Los niños me miraban con cara rara.
-Tenéis que comprenderla. Solo así sabréis de lo que os hablo.
The Last Song
jueves, 28 de febrero de 2013
La última canción
Hola, me llamo Akane. y tengo 15 años, en abril cumplo los 16. Vivo en una aldea a orillas del mar. Me encanta pasear en las noches cerradas. Juré contarles 5 historias a los pequeños, una cada noche. Cuando acabara de contar esas historias, no hablaría jamás sobre ellas, jamás. Cada una con historias ocultas, hasta que no las escucharan no podrían saber de que iban.
Me encaminé hacia mi casa, al lado del lago. Era una casa con árboles a los lados y que a simple vista parece una sola pared entre estos. Tiene muchas ventanas porque me gusta la iluminación, y todo es muy bonito aquí.
En esta aldea, nadie que no viva aquí, sabe que existe porque está en una pequeña isla, tan pequeña que solo algunos mapas la contienen y nadie se fija en ella. Aquí todo el mundo tiene un estado neutral: ni con el corazón roto, ni feliz. A todo el mundo le duelen las cosas que pasan, ¿a quién no? Todas las palabras que se dicen, todos los sentimientos que se sienten, todas las miradas inexpresivas, se quedan en el aire, persiguiéndote y haciéndote daño; y estas personas, siempre intentan no llorar.
Y esa es mi misión aquí: cambiar las cosas, quiero que la gente, por fin, sea feliz aunque yo no lo sea; quiero que por una vez, no haya discriminación hacia las personas; y, lo más importante, quiero que todos, todos, encuentren al amor de su vida.
Me encaminé hacia mi casa, al lado del lago. Era una casa con árboles a los lados y que a simple vista parece una sola pared entre estos. Tiene muchas ventanas porque me gusta la iluminación, y todo es muy bonito aquí.
En esta aldea, nadie que no viva aquí, sabe que existe porque está en una pequeña isla, tan pequeña que solo algunos mapas la contienen y nadie se fija en ella. Aquí todo el mundo tiene un estado neutral: ni con el corazón roto, ni feliz. A todo el mundo le duelen las cosas que pasan, ¿a quién no? Todas las palabras que se dicen, todos los sentimientos que se sienten, todas las miradas inexpresivas, se quedan en el aire, persiguiéndote y haciéndote daño; y estas personas, siempre intentan no llorar.
Y esa es mi misión aquí: cambiar las cosas, quiero que la gente, por fin, sea feliz aunque yo no lo sea; quiero que por una vez, no haya discriminación hacia las personas; y, lo más importante, quiero que todos, todos, encuentren al amor de su vida.
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