La noche estaba despejada, los niños se sentaron en círculo, alrededor de una hoguera. Ya les dije que la primera historia trataría sobre almas gemelas. La historia era corta, pero les daría tiempo para que la comprendieran.
Lucy llegó corriendo. Era una chica de pelo azul, grandes ojos verdes y de normal estatura, de unos 12 o 13 años. Era una pena que siempre estuviera triste, con lo guapa que era.
Se sentó en la hoguera, sin pronunciar palabra y me miró con cara de: <<Puedes empezar, gracias por esperarme>>.
Así, es como empecé a contar la primera historia.
Hace mucho, mucho tiempo, todas las personas tenían cuatro piernas y dos cabezas. Chii vivía feliz consigo misma, era guapa, inteligente y astuta. Un día, los dioses arrojaron rayos y partieron a todo el mundo por la mitad. Cada mitad se quedó con dos piernas y una cabeza, pero la separación hizo que en cada parte quedara un fuerte anhelo por reunirse con su otra mitad, y era lógico porque compartían la misma alma. Desde entonces, todas las personas se pasan la vida buscando la otra mitad de su alma. Incluida Chii, que nunca llegó a encontrarla.
Los niños me miraban con cara rara.
-Tenéis que comprenderla. Solo así sabréis de lo que os hablo.
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